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MITOS
Los mitos relacionados con la muerte son afirmaciones que consideramos como verdaderas, pero que no cuentan con evidencia científica que la sustente. En el duelo, estas "afirmaciones" engañosas nos hacen pensar que estamos ayudando al doliente a elaborar la pérdida y, sin embargo, proporcionan a este la sensación de no ser comprendido por su entorno social inmediato.
  1. Mito: La persona que ha perdido a una ser querido en un accidente o situación similar no debe conocer los detalles del acontecimiento; es poco conveniente que vea su cuerpo o alguna evidencia clara de su muerte.

Realidad: Conocer los detalles vinculados a la muerte de su ser querido le ayuda a aceptar la realidad de la pérdida. La confusión y falta de información permiten que se elaboren toda clase de hipótesis y fantasías que pueden impedir la resolución del duelo positivamente.

  1. Mito: Creer que se ve a la persona fallecida significa que el doliente se encuentra cercano a la locura o a al borde de sufrir una depresión.

Realidad: Cuando una persona siente dolor, rabia o desesperanza y se encuentra al inicio del duelo puede ser que vea o sienta a la persona fallecida. La expresión de tales sentimientos resulta adecuada ya que permite que se procese la pérdida. No obstante, es importante permanecer alerta frente a señales que muestren una alteración en el proceso de elaboración del duelo y buscar ayuda profesional cuando se considere conveniente.
  1. Mito: La intensidad y duración de los sentimientos asociados al trabajo del duelo son directamente proporcionales al cariño que se le tenía a la persona que ha fallecido. Es decir, entre más cariño se sentía por la persona, más traumático, doloroso y largo debe ser el proceso.

     
Realidad: El trabajo del duelo es una experiencia que depende de las características de cada individuo, del significado que para cada uno tenía la persona fallecida, de aspectos sociales y culturales, etc. Lo anterior implica que no hay reglas para determinar el camino ni la duración del proceso de duelo. Los resultados de los estudios son tan solo aproximaciones que intentan explicar un fenómeno humano, tan cambiante como el hombre mismo.
  1. Mito: Cuando la persona muere, se pierde para siempre su recuerdo y no queda nada de ella.

Realidad: Aunque la relación ya no sea igual, debido a la ausencia física del fallecido, es posible apreciar que los recuerdos no desaparecen sino que permanecen "dormidos" en la mente. Estos recuerdos reaparecen paulatinamente a lo largo del proceso de duelo que lleva la persona.
  1. Mito: La persona que ha sufrido la pérdida debe retomar inmediatamente sus actividades sin dejar tiempo para asumir el dolor. Entre más ocupada esté, mejor.

Realidad: Es conveniente que la persona, en lo posible, disponga de cierto tiempo para reflexionar y sobrellevar el proceso psicológico que implica una pérdida. Un retorno demasiado rápido a sus actividades cotidianas podría implicar que el proceso de duelo no se realice de manera satisfactoria, de tal forma que sus labores y su vida en general se vean afectadas de manera negativa.
  1. Mito: El sentimiento por la pérdida de un ser querido es un afecto que no debe ser expresado ya que esto facilita sobrellevar la situación.

Realidad: Aunque en nuestra cultura se veneran el valor y la entereza con la que se deberían enfrentar las situaciones dolorosas, resulta conveniente hacer a un lado esta creencia ya que el sufrimiento debe ser expresado de alguna manera con el fin de permitir al doliente descargar la sensación que en ese momento lo inunda.
  1. Mito: Ya serás tu misma(o) otra vez.

Realidad: Luego de experimentar una pérdida significativa, la persona nunca vuelve a ser la misma de antes. La muerte puede ser una experiencia devastadora, pero también una experiencia de crecimiento, en donde la actitud del doliente marcará la diferencia.
  1. Mito: Los grupos de apoyo o de autoayuda son para personas débiles.

Realidad: Participar en grupos de apoyo o autoayuda permite al doliente entender que no está solo en su dolor. Muchas personas han manifestado que este tipo de apoyo los ha ayudado en su camino hacia la recuperación.
  1. MITO: Los niños no poseen la capacidad para entender experiencias como la muerte y el proceso de duelo. Lo mejor es negarles todo para protegerlos de esta realidad.

Realidad: El niño es tan capaz como el adulto de experimentar una situación de duelo. Una pérdida, por pequeña que parezca, (por ejemplo, la de su mascota), puede convertirse en una gran oportunidad de aprendizaje (con el apoyo de sus seres queridos) que le permita luego afrontar situaciones de pérdida iguales o más dolorosas. Sólo recuerde utilizar un lenguaje adecuado a su edad.
Victimas y proceso de duelo. Reflexiones para las personas que han perdido un ser querido en una muerte violenta como consecuencia de un conflicto bélico o político, atentado, asesinato...
Fuente: Fundación Piero Rafael Martínez De La Hoz.

 

Cuando los/as niños/as nos pregunta sobre la muerte. Reflexiones para educar mejor.

Victimas y proceso de duelo.

 Reflexiones para las personas que han perdido un ser querido en una muerte violenta como consecuencia de un conflicto bélico o político, atentado, asesinato...

Víctimas y proceso de duelo

Extracto del artículo del mismo título de Aitor Barrenetxea publicado en la revista de Elkarri
(...) El hecho de que la muerte ha sido debida a "la mala intención" de algunas personas va a añadir un elemento de gran dificultad para la resolución del duelo. La aparición del odio será una consecuencia lógica de tan dolorosa pérdida, nos encontramos con una emoción de difícil resolución. (...) Una tarea necesaria para que nuestro duelo concluya de manera satisfactoria, es la vivencia de las emociones hasta vaciarnos del dolor. Nos puede pasar con el odio que, a pesar de vivenciarlo intensamente una y otra vez, nos sentimos "llenos de odio". La resolución del odio necesita de un cambio de perspectiva, pues sin éste nuestra vivencia del odio no nos liberará sino que servirá para retroalimentarlo. Tampoco servirá una negación del odio, ya que es inaceptable dentro de una creencia religiosa o espiritual. Tenemos que ser honestos con todo nuestro mundo emocional, el odio debe ser vivenciarlo pero sin retroalimentarlo. Cada vez que nos demos cuenta de que nuestra mente está buscando venganza, por muy legítima que sea, será momento de no echar más leña a nuestro fuego interior, observando sin reaccionar el flujo de la mente como el de nuestras sensaciones físicas hasta que remita. La perspectiva que necesitamos es la de que el odio tiene que llegar a su fin, y éste sólo concluirá, con el perdón.

Cuando perdonamos, a quien de verdad liberamos es a nosotros mismos de la tarea de tener que seguir sufriendo, el odio es como un veneno que puede convertir en amargura el resto de nuestra existencia. Es muy importante que seamos conscientes del poder destructivo de esta emoción, de su capacidad para cegarnos y hacernos cometer las mayores bajezas humanas, que seamos conscientes de que su único antídoto es el perdón, el amor. Palabras fáciles de escribir pero difíciles de vivenciar después de una pérdida tan grande, enmarcada además en un conflicto sin solución, donde la violencia sigue causando y causando víctimas.

Me imagino a personas que han perdido a sus seres queridos en este conflicto, cuando estén leyendo estas líneas se preguntaran: ¿pero el posible que se pueda perdonar un agravio tan grande? Otra pregunta podrá ser: ¿cómo puedo yo llegar a perdonar? Incluso,  ¿perdonarles sin que hayan pedido perdón previamente?

Cuando exigimos a nuestros enemigos que nos pidan perdón para que les podamos perdonar estamos poniendo nuestro potencial de liberación interior en sus propias manos. Lo más probable es que les importe un bledo, a no ser que ellos también se encuentren en un proceso profundo de transformación. Entonces, ¿por qué delegar nuestra libertad, nuestra paz interior, precisamente en esas personas? 
No existe una receta de cara al perdón, perdonar a los responsables de la muerte de mi ser querido requiere una profunda transformación interior. Para algunas personas creyentes una gran fuente de inspiración puede ser la figura de Jesús en la cruz, pidiendo perdón para quienes le habían humillado, latigado y crucificado. Otro personaje de gran talla humana hoy en día es la figura del Dalai Lama, líder espiritual y político de un pequeño país, el Tibet, que está sufriendo un genocidio cultural y humano, que ha costado la vida a una quinta parte de la población tibetana a causa de la gran potencia china. Él habla de "mis hermanos los chinos" por los que dice no sentir ningún odio sino compasión. 

Un valioso apoyo para la resolución del duelo será la figura de un psicoterapeuta, alguien con quien podamos expresar nuestro dolor, comprendernos a nosotros mismos examinar nuestra opciones, redefinir nuestros objetos, ganar nueva perspectiva y completar nuestro duelo.

(...) Es importante que seamos conscientes que, por muy dolorosa que sea nuestra experiencia, todavía seguimos siendo dueños del espíritu con él que podemos vivir nuestro destino. Es indudable que cualquier persona que ha perdido a un ser querido en éste conflicto ha sido confortada con un profundo reto el de sucumbir ante la adversidad o usar ésta para transformar su vida. Algunos no querrán seguir viviendo, otros optarán por intentar olvidar y así procurar huir inútilmente de tan dolorosa experiencia. Existirán quienes de manera compulsiva reaccionarán desde su odio intentando saciar infructuosamente su necesidad de venganza. Habrá quienes embarcados en un proceso de transformación personal servirán de ayuda a otros como ellos, dando así sentido a su experiencia... Opciones todas muy respetables pero de muy diferente repercusión, tanto a nivel de personas como colectivo.

Tenemos que ser conscientes de que los enemigos de nuestra libertad no sólo están fuera de nosotros, sino que también dentro; esas dolorosas experiencias del pasado no resueltas son las que nos esclavizan y no nos permiten ser libres. Por esto, mi más sentido deseo a todas las personas que os ha tocado vivir esta dolorosa experiencia de que tengáis el coraje para enfrentaros con una actitud de transformación y algún día lleguéis a sanar de tan profunda herida.
 Aitor Barrenetxea

 

Cambios. Testimonio de una madre en duelo.

Cambios. Testimonio de una madre en duelo
Por Gisela Luján  

La vida consiste en situaciones que se presentan una tras otra y que nos mantienen en una constante toma de decisiones. Estas situaciones, son figuras que exigen nuestra atención y energía hasta ser resueltas, para pasar luego a formar parte del bagaje de nuestras experiencias, dándole forma y consistencia a la persona que somos.

Necesitamos tomar desde las decisiones más triviales hasta las más trascendentales, aquéllas que muchas veces implican cambios profundos, que nos transforman y nos llevan a buscar un nuevo sentido a nuestras vidas. La muerte de un hijo implica cambios, toma de decisiones, abandonar modelos y patrones de conducta que hemos acumulado, quizás neuróticamente, y aprender a vivir de nuevo, asimilando la nueva realidad, asumiendo nuevos roles, reajustándonos y acomodándonos - proceso que puede durar largos años - hasta lograr reconstruirnos y reconectarnos de nuevo con la vida.


No sabemos cómo vamos a cambiar ante las situaciones traumáticas que se presentan a lo largo de nuestras vidas, incluyendo la muerte de un hijo, que nos arroja violentamente a un caos existencial. Sin lugar a dudas, no estamos preparados para afrontar la muerte de un ser querido y aunque racionalmente estemos concientes de que no somos eternos y de que en algún momento moriremos, la muerte de un hijo escapa a lo que pensamos es la secuencia natural del ciclo de vida y muerte.

Un nuevo aniversario de la muerte de mi hija me golpea sin piedad y no puedo escapar de su impacto, pero me brinda la oportunidad para detenerme en este camino del duelo y reflexionar sobre mi travesía en estos largos años. Estoy consciente de los cambios que se han operado en mí, tal vez imperceptibles para la mayoría de las personas que me conocen y que me han transformado en una persona diferente - no sé si mejor o peor - a la que era antes de la muerte de mi hija. Tengo la sensación de estar viviendo dos vidas en paralelo, donde las nuevas experiencias y logros de una no son suficientes para compensar lo que perdí en la otra. Sin embargo, reconozco que a pesar de la experiencia traumática que he vivido, hay cosas que han quedado inalteradas y que forman parte de mis dos vidas.

La muerte de Mariana me ha puesto en contacto de una manera mucho más profunda con mi vulnerabilidad física, con la realidad y el temor a mi propia muerte y esta certeza que me acompaña permanentemente, es con frecuencia fuente de serenidad y de una paz interior que nunca antes había sentido. Me he convertido en una persona que vive mucho más hacia su propia interioridad que hacia afuera y definitivamente, he perdido mi capacidad de asombro - si mi hija murió, cualquier cosa puede pasar - Esta revelación me permite comprender y ver la realidad tal como es y no distorsionada a través de un cristal, como yo quisiera que fuese.

Antes, solía comenzar mi día con entusiasmo y me sobraba energía para mi familia y todas las actividades que realizaba, disfrutando intensamente de todo lo que la vida me ofrecía. Ahora, mi nivel de energía es más bajo y muchos días debo hacer un esfuerzo por encontrar entusiasmo. He vuelto a sentir los colores, sonidos y olores de la vida, pero no con la misma intensidad.

Las divagaciones filosóficas y preguntas que por muchos años han ocupado mis pensamientos aún siguen sin respuestas y continúo sin saber si la muerte de Mariana fue un evento que ocurrió porque había llegado su momento, porque estaba escrito, era su destino, su karma o tal vez por un error del universo. Sigo pensando que si algunas cosas hubieran sucedido de otra manera, Mariana aún se encontraría con nosotros. En estos años no he conseguido desarrollar la fe de otras personas que se resignan y aceptan los designios de un Dios en cuyas manos están nuestra vida y nuestra muerte. La idea de que Mariana está “en un lugar mejor” como me dicen muchas personas, no me brinda consuelo. Yo la quiero aquí conmigo, tejiendo juntas nuestra historia que quedó inconclusa.

Me he vuelto más tolerante con las otras personas y mis expectativas han disminuido. Una vez leí algo que me gustó mucho: “la verdadera libertad proviene de aprender a vivir sin expectativas.” Tener pocas expectativas hacia los demás me ha enseñado a aceptarlos tal como son, a no esperar más de lo que me pueden dar y a tener siempre presente su transitoriedad. Las personas llegan y se van de nuestras vidas como la ola llega a la orilla de la playa y luego se retira. No nos queda sino atrapar el instante de ese contacto y dejarlo ir cuando es el momento, sin tratar de alargarlo. Ya no peleo por cosas que antes me parecían trascendentales. Cuando se ha perdido lo más valioso en la vida, ¿qué otra cosa puede ser tan importante que valga la pena pelear por ella? He aprendido a administrar mi energía con mucha más sabiduría, a proteger mi fragilidad emocional y a acercarme y retirarme de las personas respetando mis límites y necesidades. Me ha tomado mucho tiempo ubicarme de nuevo en un mundo donde a menudo me siento extraña, pero he luchado ferozmente por conseguir un espacio en el nuevo mundo que he construido en estos años.

Sé que la muerte de mi hija no tiene resolución porque he perdido una parte mía que es irrecuperable, pero también es cierto que la vida continúa y no me queda sino seguir armando el rompecabezas de mi vida sin Mariana, con los pedazos que quedaron, y continuar deambulando por este valle de sombras donde ya nada volverá a ser igual. Estoy atenta a las señales, que en mi proceso de duelo, me indican el camino a seguir en mi reconstrucción y búsqueda de un nuevo sentido a mi vida. A pesar de todo lo que he perdido, he decidido arriesgarme a seguir viviendo.
 Gisela Luján

 

Carta a un hermano que ya no está 
 

Carta a un hermano que ya no está 
Por Guillermo González  

Cómo puedo hablar contigo
Cómo puedo decirte lo que siento
Cómo el silencio de tu ausencia me duele
El silencio de tu dolor me hiere
Cómo puede ser
Cómo pudo ocurrir
Ahora no te tengo
Te fuiste
Te fuiste sin saber lo mucho que te quería
Ahora solo tengo tu silencio
Tantos recuerdos
Tantas historias
Tantas aventuras
Cuantos capítulos de una vida no serán escritos
Decidiste partir
Y partiste mi corazón
No te pude ayudar
No te pude entender
Tantas cosas que pudimos hacer
Ahora nunca serán
Duele tu ausencia
Duele tu silencio
Duele no tenerte más
Tantas cosas
Solo resta recordar
Lo que pudo ser y no fue
Ahora eres eternidad
Eres infinito
Eres un gran amigo
Un gran hermano
Un gran recuerdo
Eres un hermano que ya no está:
Hugo Enrique González Cedano.
 
Con cariño,
Tu hermano Guillermo.
Te recordare siempre

 

Carta a mi hijo
 
Agosto 29 de 2005

Carta a mi hijo (Rodrigo Alejandro) (Pitocho) 

Mi niño bonito... hace dos años que llegaste a darme una inmensa alegría. Cambiaste mi vida, le pusiste sabor, me diste un gran motivo para seguir luchando y ser mejor cada día.

Debes saber y sentir el inmenso amor que te tengo, este amor que no me cabe en el pecho y que todos los días te brindo… Sé que te encuentras muy bien, que hace un año partiste al mejor lugar, ni más ni menos que al lado de Dios, junto a Jesús, sé que eres feliz y estás contento, lo sé porque te he visto y sentido, ahora sólo te doy las gracias por brindarme todos esos lindos momentos, tus alegrías, tu risa, tus bracitos alrededor de mi cuello, tus besos de amor, tus juegos, tus gritos y tus primeras palabras, cortas pero al fin palabras que llenaron mi corazón. Gracias por tus miradas inquietas y llenas de picardía y asombro. Gracias por tus primeros momentos, por decirme mamá y por permitirme estar contigo hasta el último momento. Sé que no te gusta estar solito, y ahora sé que no lo estarás jamás, sin embargo, mi corazón siente un poco de envidia, pues no seré yo quién pueda abrazarte cuando tengas frío, ni tomar tu mano cuando quieras caminar, no seré yo quien seque tus lágrimas cuando tengas alguna caída por jugar, no podré besar tu raspón para curarte y quitarte el dolor, no seré yo quien te llevé por primera vez a la primaria y te ayude a hacer las tareas, ni quien te consuele por el dolor del primer amor, no seré yo quien cuide tu fiebre ni vele tu sueño, será Dios quien esté a tu lado y nunca sentirás soledad. Y te diré algo mi niño, tal vez yo no pueda hacer todo eso aquí en esta vida físicamente, pero lo hago en mi corazón, y llegará el día, no sé cuándo ni cómo, pero estaré contigo para siempre, ese día podremos continuar con todo esto que quedó pendiente, podremos abrazarnos así de frente, podremos besarnos y decirnos cuánto nos amamos, vivir juntos esa vida eterna que ya comenzaste a vivir y que es plena y dulce, ese día cuando mi cuerpo no sufra, mis ojos se cierren y mi alma descanse.

 
Hasta entonces y más, te amamos….   Tus papás… Rodolfo y Marcela

 

 

BIBILIOTECA
 
Libros de ayuda.
 
Libros de ayuda para personas en duelo.

 

 

 
ACOMPAÑAMIENTO EN EL DUELO Y MEDICINA PALIATIVA
Astudillo, Wilson, ed.

 

El proceso de duelo se pone en marcha tras la pérdida, tras la muerte, cuando esta ocurre de manera repentina. No obstante, hay muchas ocasiones en la que el proceso se inicia antes de que se produzca la muerte, se inicia cuando aparece la enfermedad y se vive anticipadamente. Las enfermedades crónicas, avanzadas y progresivas que ya no responden al tratamiento curativo desencadenan un proceso de pérdidas progresivas que pueden atenderse con un objetivo básico: cuando no hay curación se puede invertir energía en el cuidado y en dar calidad a la vida que queda por vivir, hasta el final. En esto consisten los Cuidados Paliativos. Prepararse para lo que va a suceder ayuda al doliente, a la familia, a que el duelo posterior a la muerte sea menos costoso de elaborar.
 
 
Este libro recoge las 20 ponencias de diversos profesionales de distintas disciplinas que tratan el duelo y la medicina paliativa.

La Sociedad Vasca de Cuidados Paliativos (SOVPAL) y la Fundación Paliativos sin Fronteras consideraron editar este libro para resaltar lo que se puede hacer para mejorar las condiciones de las familias y de las personas que lo sufren y revisar las novedades recientes que favorecen su comprensión y tratamiento.

 

 

AY, PENA, PENITA, PENA
Roselló Toca, Eduardo

 

La pena, cómo reconocerla y cómo aliviarla. Roselló, psicoterapeuta con años de práctica y varios libros publicados nos propone en éste sugerencias y soluciones para conocerla y llegar a integrarla en nuestra vida como un elemento de crecimiento positivo. Escrito desde el corazón, este libro resulta imprescindible para las personas que están haciendo frente a una pérdida así como para quienes les acompañan en la misma.

 

CÓMO RECUPERAR LA FELICIDAD TRAS LA MUERTE DE UN SER QUERIDO
Brooke, Jill

 

Este libro contiene soluciones concretas para ayudar a afrontar la pérdida de un ser querido, comprende y aborda las complejas emociones producidas por el dolor y demuestra que la muerte de un ser querido no tiene por qué provocar una situación discapacitadora. Este libro muestra cómo la experiencia del dolor nos ayuda a curarnos, a aprender y a madurar.

 

DE ORUGA A MARIPOSA
Carmelo, Anji

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
De Oruga a Mariposa es una visión más completa del duelo. Indica la trayectoria desde los primeros momentos del duelo que se hacen casi inevitables, hasta el final marcado por el reto de atreverse a volver a ser feliz.

Este libro cuenta con muchos testimonios, y la autora lo comenta de la siguiente manera:

Cuento con el testimonio de muchas personas que han contestado al reto, transformando su vida y junto con su testimonio podemos seguir dando soporte e inspirando a hacer el duelo bien, llorando lo que sea necesario, expresando para ser comprendido y finalmente, dejando la crisálida convertidos en mariposas para emprender el vuelo.

 

 

 

 

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